Cirugía Refractiva: Cumplir las expectativas

Cuando un paciente se enfrenta a cualquier tipo de cirugía, siempre existe cierta incertidumbre acerca del posible resultado. Esta incertidumbre será mayor cuando se trata de una cirugía opcional, como puede ser una cirugía estética o, como en el caso que nos ocupa, la cirugía refractiva.

¿Qué es la cirugía refractiva?

La cirugía refractiva es aquella que realizamos para no tener que depender de gafas o lentes de contacto. Por tanto es una cirugía opcional y este hecho va a exacerbar la incertidumbre ante un proceso quirúrgico no necesario.

El paciente se planteará siempre si la cirugía va a cumplir sus expectativas visuales. El acierto, tanto por parte del paciente como el cirujano, ocurrirá cuando dichas expectativas se cumplan. Esto ocurre en la gran mayoría de los casos.

Todas las técnicas de cirugía refractiva tienen sus ‘peros’. Cualquier alteración de nuestro globo ocular supondrá unos cambios ópticos y un periodo de adaptación a dichos cambios. El resultado va a ser muy satisfactorio habitualmente, pero no en todo los casos.

¿Qué riesgos tiene la cirugía refractiva?

Ninguna técnica quirúrgica, por buena que sea, llegará a un 100% de resultados satisfactorios. Nos podemos acercar a este porcentaje en cuanto a la correcta ejecución de la cirugía. Pero la satisfacción del paciente no está asegurada, incluso dando por hecho que la cirugía se haya realizado de manera correcta y con un resultado ‘perfecto’. Influye mucho la psicología del paciente y la manera de afrontar los cambios en su visión.

Si consultamos en la redes sociales siempre hallaremos páginas que nos hablan de pacientes insatisfechos tras una cirugía refractiva. La cuestión es:  ¿cuantos miles de pacientes satisfechos se esconden detrás de cada uno de estos?

¿Es adecuada para mí?

Existen distintos tipos de técnicas de cirugía refractiva. Varían según la edad del paciente y según los defectos que queramos corregir. No es lo mismo un paciente de 30 años con una miopía media que un paciente de 57 con una hipermetropía, y con presbicia (vista cansada) debida a su edad.

A partir de los 55 años solemos actuar sobre el cristalino (la lente interna del ojo, responsable del enfoque), retirándolo y sustituyéndolo por lentes intraoculares pseudo-fáquicas que van a reemplazar al cristalino y que permiten corregir la presbicia. Además ya no existiría la posibilidad de una futura catarata, teóricamente más próxima a estas edades.

En pacientes menores de 45 o 50 años (en los que aún no existe presbicia) tendemos a actuar mediante dos técnicas: la cirugía corneal y el implante de lentes fáquicas.

Técnicas:

La cirugía corneal , mediante la aplicación de Láser EXCÍMER, presenta distintas variantes, como la PRK, el LÁSIK, el femto-LÁSIK o el Relex-SMILE. Todas estas técnicas realizan modificaciones en la superficie corneal,  que alteran la curvatura de la córnea y consiguen así el efecto óptico esperado que elimine la necesidad de gafas o lentes de contacto. Este tipo de cirugía siempre va a suponer una alteración de la ‘normalidad’ de nuestra córnea,  lo cual puede dar lugar a problemas futuros. Nos referimos a problemas como la sequedad ocular, que siempre va a aumentar tras la realización de un procedimiento corneal y que puede generar insatisfacción en el paciente. La ablación de tejido corneal asociada a la cirugía altera las terminaciones nerviosas presentes en el estroma y genera sequedad ocular.

En segundo lugar la cirugía corneal, al alterar la córnea para el resto de nuestra vida, puede traer dificultades cuando tengamos que intervenirnos de cataratas o cuando deseemos eliminar las gafas para visión próxima. Las aberraciones corneales generadas van a dar lugar a una menor calidad visual tras la introducción de lentes multifocales. Además el cálculo dióptrico de estas lentes intraoculares será más difícil  y la posibilidad de llevar gafas tras la intervención de cataratas será mayor.

La otra opción de cirugía refractiva en personas jóvenes es el implante de lentes intraoculares fáquicas (es decir lentes que se implantan encima del cristalino sin prescindir de él).  Dentro de estas lentes tenemos aquellas que van colocadas delante del iris (de cámara anterior) y aquellas que van situadas detrás ( de cámara posterior).

Éstas últimas son mucho más sencillas de implantar y mejoran la calidad visual respecto a las primeras. Son las llamadas ICL (implantable collamer lens). Éstas lentes están fabricadas de un material biocompatible – colámero-, que permanece inalterado con el paso del  tiempo y que reduce las disfotopsias, proporcionando una inigualable calidad óptica, y todo ello sin alterar ninguna estructura del globo ocular. Sus niveles de predictibilidad en cuanto a resultados no solo igualan sino que superan a la cirugía corneal, sin producir sequedad ocular y sin alterar la córnea para el futuro.

Para nuestra Clínica INSADOF, en la actualidad la ICL supone nuestra cirugía refractiva de elección en aquellos pacientes aptos por las características de su globo ocular. Basamos esta elección en su superior calidad óptica y en el hecho de no tener que alterar la córnea del paciente sin necesidad.

Volviendo al principio de este artículo, la ICL va a suponer una mayor tranquilidad para el paciente que tome la decisión de intervenirse para quitarse las gafas.Esto es debido a la posibilidad de remover la lente del globo ocular ante cualquier imprevisto o ante cualquier resultado no satisfactorio para el paciente. Al menos tendremos la opción de volver al punto de partida en aquellos casos en los que paciente no esté satisfecho. Sinceramente son pocos estos casos, pero pueden existir y el hecho de poder dar marcha atrás siempre será un aliciente a la hora de elegir uno u otro proceso de cirugía refractiva.

Conclusiones:

Como cirujanos podemos informar acerca de las opciones que tiene el paciente, y recomendar uno u otro proceso,  pero es evidente que todo acto quirúrgico implica un riesgo mínimo,  pero existente. Cuando informo a mis pacientes siempre les comento lo fácil que es ir en coche de Salamanca a Peñaranda. Y siempre les pregunto si tienen la certeza de que llegarían. Es un ejemplo que puede parecer tonto pero que ilustra el hecho de que corremos continuamente riesgos sin sopesarlos. En la cirugía refractiva y en los tiempos actuales se han reducido enormemente las complicaciones asociadas, pero aún así siempre habrá un pequeño riesgo virtual que el paciente deberá asumir si su objetivo es retirar sus gafas y lentillas para siempre.

Dr. Ernesto Alonso Juárez