El glaucoma: La ceguera silenciosa…

Muchas veces los médicos insistimos en la importancia de las revisiones periódicas. Cuando hace mucho tiempo que un paciente no acude a consulta le insistimos en que es importante el hecho de revisarse de vez en cuando, aunque el paciente piense que todo está bien.

En el caso de oftalmología, una de las razones más importantes para hacer estas revisiones preventivas es la toma de la tensión ocular. Salvo en casos extremos, un aumento de la presión intraocular no va a suponer ningún tipo de sintomatología para ese paciente hipertenso ocular. Podemos pasar años con la tensión ocular alta sin darnos cuenta, y esto va a suponer un mayor riesgo de deterioro del nervio óptico . Uno podría pensar que en el momento en que el nervio óptico se deteriore me daré cuenta e iré al oftalmólogo. Pero este no es el caso. Este deterioro supone una lenta y progresiva pérdida de campo visual y no vamos a ser conscientes de dicho deterioro hasta que éste sea muy avanzado. Además el defecto que tengamos en el momento del diagnóstico es irreversible y tan sólo podremos intentar mantener lo que nos quede.

Una vez realizado el diagnóstico de hipertensión ocular debemos realizar un tratamiento correcto que normalice los niveles tensionales. Normalmente utilizamos gotas diariamente, bien una o dos veces al día, aunque a veces hay que combinar distintos tipos de gotas hasta lograr los niveles correctos de tensión. Cuando el tratamiento médico no es efectivo y se observa un progresivo deterioro del nervio óptico , se optará por la cirugía de glaucoma. Hay distintos métodos quirúrgicos para bajar la presión intraocular pero todos están basados en realizar válvulas de drenaje para que el ojo drene más humor acuoso y así bajen los niveles de presión intraocular.  Esto favorecerá un mayor aporte sanguíneo al nervio óptico que frene el deterioro sufrido hasta ese momento.

Cuando detectamos un paciente hipertenso ocular realizamos pruebas diagnósticas con estudios funcionales del nervio óptico tales como el campo visual, y estudios anatómicos de la cabeza del nervio óptico, como la tomografía de coherencia óptica (OCT) papilar. Éstos estudios nos permitirán comprobar el estado de nuestro campo visual y de nuestro nervio óptico, y compararlos a la media establecida para nuestra edad.

Por tanto, aunque el glaucoma es una enfermedad terriblemente incapacitante y no produce síntomas hasta estadios avanzados, si hacemos un correcto seguimiento y prevención podremos evitar sus secuelas en la gran mayoría de los casos.

Insistimos una vez más en la necesidad de hacer controles preventivos de nuestros ojos y así podremos hacer frente de la mejor manera posible a esta terrible ceguera silenciosa que es el glaucoma

 

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